Porque mi patria es el mundo
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sábado, 12 de junio de 2010

Desconcertate... y ya no tanto.

Curioso. No, admitir las cosas como son: ha sido desconcertante.


Regresé a Lima luego de un par de semanas de estar en Santiago. El motivo de mi viaje es secundario para explicar lo que en un minuto pasaré a relatar, pero si tienes curiosidad te cuento que viajé por el cumpleaños 50 de mi vieja (correspondía un viaje a Chile); con lo cual aproveché de ver a amigos, recorrer las calles de Santiago que conosco tan bien y realizar trámites aburridos.

Volví hace una semana... ¿Una semana? Se siente cómo si fuera mucho más. Caí de vuelta a la vorágine del trabajo, a la rutina que la acompaña, a ver a Adriana con ilusión, a reencontrarme con Eliana y Vanessa. A retomar mi vida. Mi vida.

Eso es lo que me ha desconcertado. Hasta ahora me sentía aun como un extraño en esta ciudad, pese a que es mía en principio. Luchando todos los días por dejar una huella que pueda reconocer al ver la vista atrás. Si antes me sentía partido entre dos naciones, incluso extranjero donde mis pies estaban, ahora no.

Quiero ser coherente, explicar de manera lógica y ordenada el cúmulo de sensaciones y reflexiones que he estado experimentando estos últimos días de manera inconsciente, y que ahora me detengo a transcribir.

No sé bien por dónde partir, quizás lo más fácil es decir que me pasó en Santiago, con lo cual se puede entender lo que me pasa ahora.

Santiago estaba como siempre, y con ello me refiero a que lo sentí como lo estaba sintiendo el último tiempo antes de migrar. Agobiante, a veces incómodo. Ver a los amigos fue fabuloso, abrazar a mi vieja y hermano realmente maravilloso, recorrer mis calles y barrios nostálgico. Pero aun así el aire me oprimía. Sentía que no estaba donde debía estar. Soy de ahí, pero no quiero estar allí. Extraño Chile, pero no es hora de abrazarlo con ganas nuevamente. No. Necesitaba regresar a Lima. Dos semanas fueron más que suficiente.

Y Lima, la caótica, la desordenada, sucia y ansiosa, me esperaba con los brazos abiertos. Volver a mi departamente, a dormir en mi cama, a ahogarme con la humedad, a escuchar los bocinazos permanentes. A bañarme con la ducha sin presión, a descubrir que la llave de agua del lavamanos de mi baño estaba roto, a barrer, limpiar, lavar, ensuciar. A negociar con el taxista, a pelear con el cobrador, a romperme el cuello en las combis. A tomar un chilcano, una pilsen, un desatornillador con jugo de caja. A comer una vez al día, pero comer como se debe esa única vez.

Lima. Dónde me siento yo, ahora, en este instante, en este respiro, en este otro suspiro.

Lima y otra vez Lima.

¿Qué es lo desconcertante? Que he dado vuelta a la página, que el futuro se abre ahora realmente como un camino amplio y esperanzador.

Soy el chileno-peruano, el peruano-chileno. El que habita la frontera.

Si, me puse algo huachafo escribiendo así. Dadme esa licencia.

Me siento por fin realmente cómodo. Esto se debe a mérito propios, y por la gente linda que me ha ayudado en esta transición. Gracias Eli, Vane. Gracias Adriana.



jueves, 18 de marzo de 2010

Soy un transterrado de ida y vuelta

Soy parte de la tierra que piso, me pertenece, al hoyarla firmo mi presencia en sus venas y traspaso mi pasado en un solo instante a su presente. Soy un permanente empatriado, un transterrado. Recorro mis países en una permanente continuidad cultural, en cada lugar me encuentro, en todo sitio me autodefino, porque ciudadano hispanohablante me siento.

Nací aquí, en Perú, en la ciudad costeña de Lima hace veintisiete años. Del encuentro cultural entre dos naciones. Transterrado fui desde mi concepción, porque ¿Cómo no sentir en el fondo ser parte de ambas naciones?

El término lo acuñó José Gaos (1900-1969), español después de sufrir el exilio en México por causa de la Guerra Civil Española. Definió el término luego de que para su sorpresa no sintiera que se encontrara en otro país, sino por el contrario experimento una continuidad cultural y lingüística que le permitía, como a sus compatriotas que llegaron en la misma circunstancia, continuar con sus obras realizadas en España. Así México es una extensión de su país, y no algo ajeno. Empatriados se denominaron, al trasladar el sentido de patria a otro terreno, con lo cual no hay sentimiento de destierro.

Conocí el concepto cuando conocí la misma realidad que vivió José Gaos, pero con los españoles que llegaron a Chile, y como estos, al igual que sus pares en México, no sintieron que fueran extranjeros en su nueva patria.

Hice mio el concepto cuando me di cuenta que yo también soy un transterrado, de ida y vuelta, de un lugar a otro, porque no importa donde esté mi país es la gente que quiero, soy yo, eres tú.

martes, 16 de marzo de 2010

El Tayta

Llego a esta ciudad, que hace tantos años fue mia, a medianoche, y una humedad asesina me azota los pulmones. La ropa se me pega al cuerpo produciendo una creciente incomodidad que no logro aminorar por ningún medio, intento no pensar en ello. No recordaba que Lima fuese así de húmeda; con el tiempo descubriré que no recordaba mucho de bastantes cosas sobre esta ciudad.

Siempre separado entre dos tierras he estado, esgrimado amores, enamorando pasiones y recuerdos. Allá, en Santiago, existía fluidamente. Era parte de la ciudad como ella era parte mia, nos conocíamos múltiples secretos, encontrábamos espacios en común que nos pertenecían celosamente, invitaba a terceros a recorrer las calles de mi vida. Ciudad grande, alta, seca y reservada, ni muy engreida ni muy humilde. Santiago me vió crecer, convertirme en un adulto, aceptó mi sangre en sus raíces y yo su sufrimiento callado. Pero así como Santiago, la linda Santiago, conquistó su terreno, Lima nunca dejó de defender el suyo. Si bien éste se fue desfigurando y mitificando con el paso de los años, sus recuerdos sellados permanecieron ciegos, sordos e indiferentes a mis otros amores. Estóica, agerrida, imperturbable. Afortunadamente nunca se miraron con recelo, cohexistiendo armoniosamente en mi.

Dos grandes ciudades, dos grandes mujeres, una madre, otra amante.

Cansado, con hambre y ahogado por el clima llego al departamento. Un lugar privilegiado. Céntrico y cómodo, con una vista envidiable. Pero prefiero pasar tantas virtudes por arriba, al final esta será mi morada por tan solo un par de semanas.

Me apoyo en el balcón y prendo un cigarrillo. Ya estás acá, pienso, lo lograste.


Caigo en el Tayta, El Tayta para ser precisos, luego de unos pocos días de llegar a esta ciudad y no puedo evitar pensar en mi viejo. Oriundo de esta tierra costeña y ahora tan lejano a ella no solo física sino espiritualmente. El bar es pequeño, en segundo piso al frente de la municipalidad de Miraflores, toca Vinchenzo con un par de chicos más. Estoy acompañado. Mi viejo abandonó esta ciudad, este país, hace ya muchos años, lo que llevó a que mi mamá, mi hermano y yo emigraramos a tierras chilenas, lugar natal de mi viejita. Mi viejo se fue y ahora yo regreso en una especie de reconquista aplazada, pero no en su nombre, sino en el mio, un compromiso que tenía olvidado y que renació volcánicamente hace no mucho tiempo. El Tayta es el bar y denso está el aire por el humo de tantos cigarros, tengo un vaso de Cuba Libre en mi mano. La vida está llena de gestos y en ese momento realizo el mio. La música cesa, por un breve tiempo se hace silencio y arrojo mi vaso contra la pared de las escaleras antes que el bullicio retome su cadencia ascendente. Hernán, mi viejo, a quien sabe cuantos kilómetros de distancia está se encuentra probablemente pronto a levantarse. Al lado mio unos ojos que reflejan como espejos mi pelo alborotado me miran sin entender un carajo.


Lima está calando poco a poco en mi. Cada día que pasa mi peruanismo comienza a rescatar extremidades perdidas. No me es dificil comprender ciertas lógicas y patrones sociales, aunque no las comparta ya. Tampoco representa un desafío ubicarme geográficamente, ni acomodarme a la locura idiosincrática limeña, aunque siempre termina por irritarme levemente, que se le va a hacer, no me puedo quitar mi formación chilena. Pero como toda buena amante Lima me trata con cariño, me mima, me engríe, me seduce.

Quien sabe mañana si despierte transpirado.